La montaña sagrada de Jodorowsky

 Cinema

Hablar de Alejandro Jodorowsky, el polífacético chileno de origen judío ucraniano, es entrar en la trastienda de un gran artista. Un artista cuyas vitrinas de exposición exhiben sus excesos y sus remordimientos y a donde la expresión, “siete oficios catorce necesidades” se ahoga irremediablemente en la inexactitud. Jorodosky me da la impresión, a veces, que es la representación de una trinidad diabólica a la que se agrega un cero a la unidad de las tres personas en una sola. Su prolijo curriculum vitae se extiende a más de 30 oficios y profesiones, entre las que se destaca el escritor, el actor, el poeta, el dramaturgo el director teatral, el director de cine, el guionista, el compositor, el escultor, el mimo, el psicólogo, el comunicador social, el periodista, el investigador, el antropólogo… en fin, el filósofo.
Hoy nos ocuparemos de Jodorowsky cineasta. El autor de “Fabulas Pánicas” el que ha hecho varias películas inclasificables durante los años 70, pero dentro de su propia filmografía hay trabajos que se superan en su marginalidad. A
La montaña sagrada, de 1973, le corresponde el extraño honor de ser la más rara entre las cintas del realizador nacido en Tocopilla hace 81 años.
Estrenada en el Festival de Canees de 1973,
La montaña sagrada también tuvo una circulación limitada en San Francisco y Nueva York, centros de la contracultura estadounidense en la época. Luego, interminables problemas de derechos y líos con productores la mantuvieron fuera de exhibición hasta que en el 2007 una lujosa edición la puso otra vez en circulación.
Ahora, el filme se exhibe por primera vez en su país, en su versión restaurada y en el marco del Séptimo Festival de Cine y Documental Musical de Santiago.
La montaña sagrada es un crisol de las múltiples creencias de Jodorowsky. Ella asume el título de la más “maldita” de sus obras y ella inspira libremente en la Subida al monte Carmelo del religioso y poeta renacentista San Juan de la Cruz, pero también en El monte análogo (1944) del surrealista francés René Daumal.
Influido por el místico boliviano Oscar Ichazo, Jodorowsky pasó tres meses en su casa preparando la película junto al elenco. En esta instancia consumió LSD como método de exploración espiritual y sus actores ingirieron hongos alucinógenos en forma de petardos. Todo un programa.
La película cuenta la búsqueda de la inmortalidad de siete personajes guiados por quien se hace llamar el ladrón. La acción transcurre en varias localidades mexicanas y abundan escenas de sacrificio animal. Una de las más sangrientas es una batalla entre ranas e iguanas, representando respectivamente a españoles y aztecas.
Impresionados por su anterior filme
El topo (1970), John Lennon y George Harrison se convirtieron en fans adelantados de Jodorowsky y a través de un financista amigo (Allen Klein) ayudaron a producir esta película, en ese momento una de las más caras jamás realizadas en México. Cuando pasó por aquí, recordamos a la región walona que aportó su contribución para publicar un poemario
que todavía me provoca fricciones cuando lo leo.

 

 

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